Unicorn Dreams Archivo no enviado / verano de 2020

Unicorn Dreams

Archivo no enviado / verano de 2020

No era todavía una historia.

Era una temperatura.

Dos personas mirándose como si el otro hubiera llegado con el mismo mapa roto, doblado en otro idioma. Dos inteligencias demasiado rápidas para descansar. Dos corazones que no confiaban en la felicidad porque la felicidad, hasta entonces, había sido una habitación que siempre cobraba salida.

We share the same habit of pushing good things away.

Eso habría querido decirle.

O quizá ella ya lo sabía.

La mente hace eso: convence, inventa, protege, sabotea. Toma lo que el corazón reconoce y lo convierte en amenaza. Dice: demasiado bueno. Dice: espejismo. Dice: corre. Dice: si lo destruyes primero, no podrá abandonarte después.

Pero el cuerpo no razonaba igual.

El cuerpo sabía la cena, las velas, la respiración cerca, la música viva en el aire, la manera en que sus ojos cambiaban cuando dejaba de defenderse. El cuerpo sabía lo que la mente volvía sospechoso.

Beautiful dinner of flickering candles your eyes are.

Había algo ridículo y sagrado en eso.

Ridículo porque dos adultos heridos no deberían hablar como criaturas de cuento después de haber visto suficiente mundo para desconfiar de los cuentos.

Sagrado porque aun así lo hacían.

People like us, broken, abandoned, with a fake easy-to-sabotage starry smile.

No era una frase bonita.

Era una advertencia.

Los dos conocían el gesto de empujar lo bueno antes de que lo bueno pidiera quedarse. Los dos habían amado a personas difíciles, o habían sido difíciles para quienes intentaron amarlos. Los dos tenían la costumbre de confundir intensidad con destino, miedo con lucidez, distancia con control.

Y aun así, ahí estaban.

No curados.

No limpios.

No listos.

Ahí.

Together we will prevail or perish alone.

La frase era demasiado dramática.

También era exacta.

No porque el amor tuviera que salvarlos. Esa era la trampa vieja. Nadie debía salvar a nadie. Pero había encuentros que no prometían rescate; prometían espejo. Y a veces el espejo es más peligroso que el abismo, porque el abismo por lo menos no te devuelve la mirada.

Ella corría de lo que debía abrazar.

Él corría hacia lo que debía aprender a no reparar.

Los dos tenían razón.

Los dos estaban equivocados.

Running away from someone he should be running towards.

Eso no era una acusación.

Era la coreografía.

Un paso hacia adelante.
Un paso hacia atrás.
Una llamada.
Un silencio.
Una broma.
Una herida.
Una cena.
Un miedo.
Una noche perfecta volviéndose oscura porque alguien recordó que las cosas buenas terminan.

I do not want to destroy these moments.

Eso habría querido escribirle sin defensa.

No quiero destruir esto.

No quiero convertirlo en patrón antes de tocarlo.

No quiero hacer de nuestra belleza una prueba de nuestra enfermedad.

No quiero que la mente gane por cansancio.

Better savor them.

Saborearlos.

Como si los momentos fueran fruta cortada antes del óxido.

Como si la felicidad pudiera sostenerse en la boca unos segundos antes de volverse archivo.

Como si bastara una noche —una sola— para que el universo admitiera que también sabía hacer algo dulce.

I would choose you one hundred and a thousand times a thousand.

No para siempre.

Para siempre era una palabra demasiado grande y demasiado barata.

La elegiría en cada pequeña vida donde su risa apareciera antes del miedo. En cada cuarto donde la luz no pidiera explicación. En cada mesa donde el deseo no tuviera que defenderse como delito. En cada versión de la historia donde ambos llegaran con menos armas.

Pero esa no fue la única versión.

Y este archivo queda aquí porque algunas historias no alcanzan a ser compartidas con la persona que las habría corregido.

Ella habría dicho que exagero.

Tal vez habría tenido razón.

Luego habría exagerado mejor.