Diez palabras en ámbar.

En marzo de 2026, unas paredes y el mundo cayeron sobre mí en el trabajo.

Traumatismo craneal múltiple. Cuello inflamado. Equilibrio perdido. Cuerpo machucado, 

Lo llamaron “leve” porque no hubo fractura ni hemorragia interna. 

Pero no se siente leve cuando tu cabeza deja de obedecerte y la geometría deja de cuadrar. Los ojos ven pero no ves. 
No se siente leve cuando las palabras se van.
No se siente leve cuando lloras casi todos los días y sabes que no es exactamente tristeza, sino algo más físico, más extraño, más cercano a una fuga interna. Cuando no pudes pensar, cuando respirar es una promesa, cuando beber y tragar te lastima. 

Cuando ya pude sotener la cabeza y llegar con la fisioterapeuta, ella me dio diez palabras, la primera semana:

TAPIS
CHAISE
BALLE
BÉBÉ
FUMÉE
POISSON
PARFUM
POMME
JAMBE
ÉCRAN

Yo no tenía palabras propias. No podía hablar, tampoco entender o estar de pie. 
Así que construí una casa con las suyas.

Un tapete.
Una silla sobre el tapete.
Una pelota debajo de la silla.
Un bebé sentado con una manzana.
Una pierna de adulto colgando.
Un pez que fuma. 
El humo convirtiéndose en perfume.
Una pantalla al fondo, con un paisaje.

Pinté esa casa en mi cabeza para no olvidar. Para poder recordar de otra manera. Para darle sentido al mundo. Los meses que siguieron. 

Ayer dejé un cuadro dentro de un sobre manila cerrado. Para ella.
Del otro lado del marco, una carta.

Hoy nos cruzamos de lejos. Apenas unas palabras.

Me hizo una señal de lágrima en el ojo. 

Yo sonreí y le dije que llorar estaba bien.
Que yo también lloro casi todos los días.

Es el TBI. Es el duelo de lo que se fue y no recuerdas, pero te queda el hueco, cómo el del cráneo. Lloras sin saber por qué. O porque sabes pero no recuerdas cómo decirlo. 
El freno emocional queda flojo.
Las lágrimas salen fácil.

No siempre es tristeza.
A veces es ámbar desbordándose.

Su trabajo no es “leve”.

Hay personas que ayudan a reparar lo que no se ve.
Que sostienen el equilibrio cuando el cuerpo ya no sabe dónde está el suelo.
Que te dan diez palabras cuando tú no tienes ninguna.

Yo me voy pronto de Montréal.
Ella también se va de ese lugar.

Pero esas diez palabras se quedan.

No en el río.
En ámbar.

Gracias, Madame Lavoie.

Shane Turon

Montréal, 15 de julio de 2026

P.S. — Ce n’est pas dans la rivière que l’on oublie.
C’est dans l’ambre que l’on préserve.